Filosofía y teología

espiritualidad

¿Es evangélica la práctica asidua del examen de conciencia?

Escrito por jjnoain 20-12-2009 en General. Comentarios (0)

     La afirmación de que la práctica asidua del examen de conciencia no es evangélica debe ser considerada detenidamente.

     En primer lugar hay que intentar acalarar detenidamente qué se entiende por evangélico.

     Si por evangélico se entiende lo contenido en los Evangelios o, a lo sumo, en los libros que componen el Nuevo Testamento, hay que afirmar que nada puede oponerse a esta afirmación siempre y cuando no se aíslen esos escritos - tanto los Evangelios como los restantes libros del Nuevo Testamento- de la Tradición en la que han sido compuestos y ulteriormente interpretados.

     Puede parecer que resulta excesivamente sutil afirmar que es necesario no separar lo estrictamente evangélico de la Tradición en la que ha sido compuesto e interpretado. Sin entrar a discutir si se trata de una aclarción impertinente e innecesaria, cabe afirmar que San Ignacio dió mucha importancia al hecho de que sobre sus Ejercicios no pesara ninguna duda por parte de esa Tradición.

     Al menos en dos ocasiones (una en París y otra en Roma) y ante ataques de heterodoxia, San Ignacio tomó la iniciativa de someter a la Inquisición el contenido de su obra. Y en las dos ocasiones, viendo que las acusaciones eran desestimadas, San Ignació exigió que el Tribunal se pronunciara acerca de la ortodoxia de su obra.

     Por cierto: no poca consolación y alivio debió sentir San Ignacio al oír al Papa sentenciar, a propósito de sus Ejercicios: "Hic est digitus Dei".

     Dicho esto, si por evangélico se entiende lo contenido  en los Evangelios independientemente del devenir posterior de la Tradición en que fueron escritos, entonces hay que afirmar que no hay más certeza a la que atenerse que la humanamente posible. Y aunque esa certeza no sea despreciable en sí misma, lo cierto es que desprovistos del auxilio del Espíritu Santo resulta sumamente difícil - acaso imposible - una interpretación integral de lo contenido en los Evangelios.

 

http://jjnoain.blogspot.es/img/PauloterceroysanIgnacio.jpg 

 

Johann Cristoph Handke, Paulo III entregando la Bula Regimini Militantis Ecclesiae a San Ignacio

Examen particular y examen general de conciencia

Escrito por jjnoain 09-12-2009 en General. Comentarios (0)

     Los Ejercicios Espirituales fueron pensados por San Ignacio como una actividad destinada a la conversión del ejercitando. Se trata de pasar de una vida en la que la prioridad la tiene uno mismo sobre Dios, a una vida en la que la prioridad la tiene Dios sobre uno mismo.

     La exigencia inherente a los Ejercicios estriba en dar el protagonismo a un elemento humano que, en la vida diaria, puede ser silenciado: la conciencia personal. Para San Ignacio es fundamental que el ejercitando se someta al juicio de su propia conciencia para luego deponer ante Dios el resultado de su propio examen.

     Ahora bien: en esto San Ignacio no admite componendas. El juicio de la propia conciencia no puede ser escamoteado o malogrado pro negligencia. Tiene que ser implacable o, por decirlo en términos más exactos (pero que, desgraciadamente, se prestan a tergiversaciones): tiene que ser honesto.

     Lo que pretende San Ignacio es que el ejercitando caiga en la cuenta de cuál es su situación real respecto a Dios. En cierto modo la primera parte de los Ejercicios Espirituales es un intento de anticipación del juicio individual al que seremos sometidos en el momento de nuestra muerte.

    

     Esta manera de proceder ha sido acusada desde dos ámbitos muy distintos:

          - en primer lugar ha sido acusada desde la psicología: la práctica del examen de conciencia tenedería a culpabilizar al ser humano, a formar una imagen muy negativa de sí mismo y a aumentar el peligro de depresión;

          - en segundo lugar ha sido acusada desde el ámbaito dela teología moral y desde el ámbito de la exégesis: el examen de conciencia asiduo no sería evangélico;

  

     Efectivamente hay un peligro real de morbosidad. El propio San Igancio padeció la llamada conciencia escrupulosa de la que sólo consiguió salir cuando determinó no volver a confesar ninguna cosa de las pasadas.

     Ahora bien: en primer lugar hay que decir que el examen de conciencia no equivale a pedir un imposible a una conciencia como la humana. Es propiedad de un entendimiento como el humano la reflexión, la consideración de sus propios actos, sean estos intelectivos o sean voluntarios.

     Tampoco es inhumano la asunción de un punto de vista moral en la consideración de las acciones (bien sean las ya llevadas a cabo, bien sean las que se están llevando a cabo, o aún las que se piensa llevar a cabo en el futuro inmediato). Del mismo modo que un hombre puede considerar sus acciones desde el punto de vista de la eficacia (es decir, si tal y como fueron realizadas o tal y como están siendo realizadas, cabe, en buena lógica, esperar que alcancen el fin para el quer se realizan); del mismo modo cabe realizar un enjuiciamiento de las propias acciones desde un punto de vista moral. A fin de cuentas, no solo es posible juzgar las propias acciones en virtud de su eficacia sino también en virtud de su integridad o corrupción moral.

     Será función del director de los Ejercicios advertir si el ejercitando está cayendo en escrúpulos o morbosidad. Y, en caso de que así sea, tranquilizar la conciencia de su dirigido, generalmente prohibiéndole volver a considerar su vida pasada una vez hecha la confesión general.

 

     

http://jjnoain.blogspot.es/img/penitenciayreconciliacion.jpg

 

 Penitencia y Reconciliación

Sobre el uso de las realidades creadas

Escrito por jjnoain 12-11-2009 en General. Comentarios (0)

     Contiene el Principio y Fundamento la necesidad de hacerse "indiferente a todas las cosas creadas".

     No cabe pensar que San Ignacio se esté oponiendo a la bondad fundamental del mundo creado. San Ignacio no cae en la trampa de intentar exaltar una vida de dedicación y entrega a Dios, mediante la desvalorización indiscriminada y generalizada de las realidades de este mundo. De lo contrario descartaría la posiblidad de disfrutar de salud, honor, riqueza y vida larga. Y, de hecho, admite implícitamente que la posesión de esos bienes es compatible con una vida de entrega a Dios.

     Lo que san Ignacio pretende inculcar en el ejercitando es una disposición lo más recta posible para aceptar y cumplir la voluntad de Dios. Y para ello considera necesario que el ejercitando esté preparado para afrontar los sacrificios que Dios le pueda pedir, para aceptar las renuncias que pueda conllevar el servicio a Dios debido.

     Se plantea entonces la pregunta: ¿realmente es posible alcanzar indiferencia ante realidades tan opuestas como la salud y la enfermedad, la riqueza y la pobreza, el honor y el deshonor?

 

http://jjnoain.blogspot.es/img/IgnacioyJavier.jpg 

 

San Ignacio y San Francisco Javier en París

 

"¡Francisco! ¡Francisco! ¿De qué le sirve al hombre ganar el mundo si pierde su alma?"

 

Principio y Fundamento

Escrito por jjnoain 27-10-2009 en General. Comentarios (0)

     Aunque San Ignacio antepuso una serie de anotaciones en las que explicaba el desarrollo de los Ejercicios así como algunas normas prácticas tanto para el ejercitante como para el director, lo cierto es que se puede considerar como punto de arranque de los Ejercicios el párrafo 23, titulado "Principio y Fundamento".

     Dice así:

          "El hombre es creado para alabar, hacer reverencia y servir a Dios nuestro Señor, y mediante esto salvar su alma; y las otras cosas sobre la faz de la tierra son creadas para el hombre y para que le ayuden a conseguir el fin para el que es creado. De donde se sigue que el hombre tanto ha de usar de ellas cuanto le ayuden para su fin, y tanto debe privarse de ellas cuanto para ello le impiden. Por lo cual es menester hacernos indiferentes a todas las cosas creadas, en todo lo que cae bajo la libre determinación de nuestra libertad y no le está prohibido; en tal manera que no queramos, de nuestra parte, más salud que enfermedad, riqueza que pobreza, honor que deshonor, vida larga que corta, y así en todo lo demás, solamente deseando y eligiendo lo que más nos conduce al fin para el que hemos sido creados".

    

     En el registro común, el término alabar suele tener el sentido de decir algo bueno de alguien o de algo. Alabar a alguien o alabar algo significa, en ese registro, proclamar que ese alguien o ese algo tienen algo de valioso, algo tan valioso que merece ser destacado, publicado.

    

     ¿Hay motivos para alabar a Dios?

     ¿Es la finalidad de la vida humana alabar a Dios?

    

     A la hora de preguntarse si hay motivos para alabar a Dios, hay que partir de 3 datos:

          - el primero es que a Dios no lo vemos; por lo tanto, nuestra alabanza no puede basarse en una experiencia directa de Dios (que no existe);

          - el segundo: que la alabanza a Dios puede fundametnarse e nla creación visible; de ahí que, a menudo, el director de los ejercicios procure suscitar en el ejercitante la admiración ante la Creación visible (empezando por la externa y terminando por la propia - la admiración ante el hecho de que uno mismo exista - ); esto tiene un correlato en la propia experiencia religiosa de San Ignacio; tuvo una experiencia en Manresa, junto al río Cardoner, en la que se le concedió "percibir" la densidad de lo real de un modo que escapa a la natural capacidad humana de conocer; también cabe reocrdar la anécdota del propio San Ignacio, estando ya en Roma, en la vejez, que mientras daba un paseo en un huerto se dirigía a unas florecillas diciéndoles: "¡Callad! ¡Callad! ¡Que ya os oigo!". También puede ser útil el recuerdo del Cántico de las Criaturas de San Francisco de Asís. Por lo tanto, el mundo es un reflejo de Dios, y el director debe ayudar al ejercitante a alcanzar el asombro ante la belleza del mundo, su inteligibilidad y también ante su propia realidad;

          - el tercer dato: la intervención de Dios en la historia y muy particularmente, la humanidad de Cristo;

 

Queda ahora por contestar la cuestión relativa al fin de la vida humana.

Introducción a los Ejercicios Espirituales de San Ignacio de Loyola

Escrito por jjnoain 18-10-2009 en General. Comentarios (0)

    Introducción a los Ejercicios Espirituales de San Ignacio

 

http://jjnoain.blogspot.es/img/Ejerciciosespirituales.jpg 

     El núcleo de la espiritualidad ignaciana son los Ejercicios espirituales de San Ignacio de Loyola.

     La génesis de esos ejercicios es el proceso de conversión que el propio San Ignacio vivió y que le condujo desde una vida de búsqueda radical de la propia gloria hasta la búsqueda, también incondicionada, de la gloria de Dios. Por eso están animados, informados o inspirados en unos sucesos que fueron vividos por su protagonista "a tumba abierta", sin componendas. Pero ese radicalismo va acompañado por un dominio de sí, con un temple, con una parquedad que, salvo intervención especialísima de Dios, no admite fácil explicación humana.

      Las notas e instrucciones que componen los Ejercicios Espirituales no fueron escritas para que fueran leídas como quien lee una novela.

     No sé si en vida de San Ignacio se pubicaron para darlos a conocer al gran público. Sí es seguro, en cambio, que estando todavía san Ignacio en el gobierno de la Compañía de Jesús, se elaboraron copias para que sus miembros pudieran dirigir ejercicios espirituales a cuantos se acercaban a ellos con la intención de adentrarse en una vida de mayor entrega a Dios, y de hacerlo conforme a la inspiración y carisma de su Prepósito General o, como más se le conocía en vida, del padre maestro Ignacio.

     No se trata por tanto, de una obra escrita sin trascendencia práctica sino de una obra escrita para dirigir y orientar un proceso de radical entrega a Dios. Por su finalidad, los Ejercicios Espirituales están má orientados a ser "ejercidos" que a ser leídos.

     No quisiera terminar esta breve e imcompleta - y, por incompleta, imprecisa - presentanción de los Ejercicios Espirituales sin prevenir al lector contra la acedia.  La acedia forma parte del elenco de los 7 pecados capitales. Es una tendencia más o menos arraigada en el ser humano - será más pronunciada en unos y menos en otros - y que consiste, grosso modo, en una involuntaria pero real repugnancia para llevar a cabo actos formalmente religiosos.

     Todo aquel que lleva tiempo alejado del culto a Dios y de la oración siente una aversión, un pregusto amargo, ante la inminencia de tener que ponerse a rezar o a participar en un acto público de culto. Es cierto que esa aversión puede, ocasionalmente, también afectar a quién sí lleva una vida de oración y de entrega a Dios.

     A este propósito resulta curioso que San Ignacio demorara el inicio de los ejercicios espirituales a San Francisco Javier y que éste fuera el último de los primigenios compañeros en hacerlos. La respuesta a esta curiosidad fuera que, tal vez, se trató de un asunto logístico: puesto que San Ignacio daba los ejercicios individualmente - a un sólo ejercitante - alguno de los compañeros tuvo que ser el último. Pero hay indicios de que San Ignacio postergó a propósito los Ejercicios de Javier, como si esperara que los deseos de conversión estuvieran bien enraizados en el santo navarro antes de permitirle "entrar en Ejercicios".

     El ideal es pues que el ejercitante inicie los Ejercicios con la decisión firme de dedicar su vida a Dios. Y aquí entra en juego la prudencia sobrenatural del que anima a alguien a hacer los ejercicios ignacianos. Claro está que la base de esa prudencia será la vida de oración y de entrega a los demás que tiene el candidato a ejercer los Ejercicios. Pero, al igual que éste es un indicio que no se puede obviar, hay otro indicio que hay que tener en cuenta y que no resulta tan fáiclmente medible: el entusiamsmo, el ardor, el deseo íntimo de ir a a más, de superarse.